viernes, 20 de julio de 2012

4. Los Visitadores

LOS VISITADORES

de David Ruelas, el Martes, 3 de Julio de 2012 a la(s) 1:05 ·
Vienen los visitadores a cuidar las elecciones. Son importantes señores de toditas las naciones. Vienen a verificar la verdad de tantos votos, pa´ mi que quieren salir con el próximo en las fotos. Son muy importantes nombres de muchisimos países. Tienen derecho a juzgar y hasta meter las narices:

1. De Estados Unidos: Johny Boy

2. De Alemania: Otho Fraude

3. De Japón: Tekito Tuvoto

4. De China: Chan Chu Yo

5. De Israel: Abrahan Urnas

6. De Iran: Estafa Yate Loaya

7. De Rusia: Valery Matrushka

8. De FRancia: Pierre de las Actas

9. De Brasil:  TRanziña Tuboleta

10. De Argentina: Vióla Casillas

11. De Etiopía: Elsistema Tetumbó

12. Del Congo: Matanga dijo la Changa

¡Matanga dijo la Changa!  ¡Respinga dijo la Pinga!  ¡Que suerte tan perra y guanga!  Pobre país, que rechifla.



                                                                                                                                   "Los Visitadores"  Óscar Chávez
                                                                                                                                       Parodias Neoliberales.

jueves, 19 de julio de 2012

3. Yo soy

Yo soy:

El estudiante privado en 1968
Yo soy la matanza en Aguas blancas
Yo soy la violencia vivida en Atenco
Yo soy la matanza en 1971
Yo soy el ciudadano reprimido en 1988
Yo soy él campesino asesinado en Acteal.
Yo soy todos esos ciudadanos, por que todos somos hermanos.
.........................TODOS SOMOS UNO................ 
.........#Yosoy132 voces gritando "Queremos PAZ"...........


                                                                                                Israel Jimenez Vargas


Yo soy Digna Ochoa
Yo soy el campesino asesinado en El Charco
Yo soy el indígena masacrado en El Bosque
Soy, el que defiende la Universidad Pública y Gratuita
Yo soy quien lucha por la educación pública y laica.
Soy 82 000 muertos por una absurda guerra.
Yo soy 150 mil estudiantes rechazados en la Universidad.
TODOS SOMOS UNO.

2. Un sueño


Era una tarde gris. De pie en medio de un campo desierto, observé  hacia todas direcciones buscando no sé qué cosa. Un viento helado soplaba estremeciendo mi cuerpo. De pronto ante mi apareció una loma que no había visto, dividida en dos por un camino de tierra. A los costados del camino había cientos de tumbas, quizás miles: era un gran cementerio de mausoleos blancos. No había nadie ni entre las tumbas ni por aquel camino. Observé todo ese panorama y me di cuenta que no era la primera vez que había estado ahí.
De pronto apareció mi abuela de la nada. “Hijo, acompáñame a aquel lugar, no quiero ir sola”  “Si abue, a la hora que tú digas nos vamos”. Se acercó un automóvil blanco, despacio se detuvo ante nosotros. Me asomé para ver al conductor pero todo estaba ensombrecido. “Este es el taxi, hijo, ya vámonos”. Abordamos y el auto se puso en marcha.
Nos dirigimos hacia la loma con las tumbas sembradas. Un escalofrió recorrió mi cuerpo al acercarnos hacia ese lugar. Subimos por el camino, despacio. Pude observar con más precisión las tumbas blancas: había gente caminando entre ellas, o hincadas llorando a sus muertos pese a que yo había visto todo desierto. Nos vieron pasar y clavaron sus miradas en nosotros, contemplándonos, como si esperaran nuestro paso por ahí.                                                   
  •  
 El auto iba con mayor velocidad. Yo conocía esas calles por donde transitábamos. No era fácil encontrar “el lugar” a donde teníamos que ir, pero a donde nadie nunca quería ir, salvo nosotros. “Por aquí debe estar la entrada” dijo el conductor a quien yo seguía sin poder ver. Aumentó la velocidad.  De pronto viró con fuerza hacia la izquierda, las llantas rechinaron, mi abuela y yo nos sacudimos con fuerza y el conductor nos llevó rápidamente por una larga calle donde todos sus edificios estaban en obra negra.  Caímos.
Mis oídos se taparon. Una sensación extraña recorría mi cuerpo de arriba hacia abajo y viceversa. El auto avanzaba lento como en cámara lenta en medio de un estrecho camino que estaba en medio de un putrefacto río. Observe por la ventana y vi sus aguas verdes y hediondas, emanando vapores fétidos, infestadas de basura. El horror y el asco se apoderaron de mí cuando vi cabezas flotando en el agua: eran cabezas de perros, de borregos y de humanos; todas podridas, descarapeladas, con el terror a la muerte todavía marcado en sus rostros y jetas. También vi estacas  en las aguas podridas, con calaveras clavadas en las puntas: sonrientes y observantes. Había también una gran roca, con hoyos que parecían ventanas, era como la entrada a una cueva oculta en las profundidades del río; había antorchas en su interior hasta donde alcanzaba a ver, un susurro apenas detectable me llamaba desde dentro. El auto salió con velocidad intrépida de ese espantoso camino, de ese lugar al que nadie quería ir.
Sentí un aire más fresco y limpio. Se destaparon mis oídos. Todo volvió a la calma. Vi entonces muchas casas blancas y el cielo era azul.

  •  

Todo desapareció. No había auto, ni abuela, ni casas blancas, ni ríos fétidos. Estaba sentado en medio de mi casa, en una silla. Todo era sombrío. Escuchaba voces de gente alrededor mío pero solo pude distinguir sus siluetas negras sin reconocer a nadie.  Las voces tampoco me parecían familiares. Alguien habló: “Sí… es a la medianoche. El caballo pasa justo por afuera de aquí. Si alguien lo espera y lo ve, el jinete podría darle una bonita sorpresa.” Se oyeron murmuraciones de las demás personas. “Podría ser un hombre muy guapo”, dije yo sin saber a quién me estaba dirigiendo. La gente estalló en risas por mi comentario. “Sí-dijo alguien- hasta podría ser un hombre guapo.”
De pronto se escuchó un absoluto silencio. Deje de ver las sombrías figuras que minutos antes estaban murmurando entre sí. La habitación se oscureció. Vi hacia la ventana que da a la calle y un escalofrío se apoderó de mi cuerpo. Escuché, a lo lejos, el trote de un caballo. Se fue acercando y haciéndose más notable al paso de los segundos. Por la ventana se filtraron luces de color verde y rojo: delgadas líneas de luz neón atravesaban el cristal. La sombra de un caballo sin jinete pasó por la ventana, con paso lento. Sin detenerse prosiguió su camino, desapareció de la ventana y el trote se alejó. Una tranquilidad impero en la habitación y el silencio cobró vida otra vez. Sin embargo las luces permanecían.
En un instante el lento trotar del caballo volvió a oírse a lo lejos. El miedo me sedujo y el escalofrío regresó a mi espalda. Regresaba el caballo y algo en mi mente decía que esta vez no vendría solo. El cuarto se sintió más solo que nunca antes, temí hacer cualquier movimiento aunque fuera para cerrar los ojos. El trote se escuchó con más fuerza. Miré hacia la ventana y vi pasar  de regreso la sombra del caballo, aunque esta vez no venía solo: distinguí la sombra de alguien acostado en su lomo. El caballo se detuvo justo en medio y entonces, lentamente, la figura sombría de un esqueleto empezó a incorporarse hasta quedar sentada. Extendió sus huesudas manos y señaló hacia el lugar donde yo estaba.

miércoles, 18 de julio de 2012

1. Las simples cosas



De las cosas simples, quizás el tiempo es el de mayor simpleza. No se detiene ante ninguna circunstancia ni particularidad. No razona, tampoco siente; sin embargo deja huella en los seres humanos. No sólo la física de la que nadie esta exento, sino también en la conciencia de las personas y es esta huella la que más pesa en el ser, pues es la que provoca la vuelta al pasado, nos asienta en el presente y nos obliga a mirar hacia el futuro de nuestras vidas.

También el tiempo es aleccionador.  Miramos al pasado, ahí están  las cosas simples: las dejamos pasar o las abandonamos por su máxima simpleza y hoy, queremos que regresen, sin embargo, muchas de ellas han muerto en la ignominia y han sido devoradas por el tiempo mismo.
De  esas cosas simples quiero hablar.